Se conoce como antitauromaquia al rechazo a la tauromaquia;esto es, al acto de hacer corridas de toros o otros espectáculos o festejos utilizando animales y que atentan contra la vida y integridad física de estos mismos.
Las corridas de toros, en su sentido moderno, nacen en España en el siglo XVIII y desde entonces han despertado críticas y desatado polémicas, incluyendo prohibiciones esporádicas, desde sus comienzos hasta hoy mismo. Los argumentos de sus detractores han cambiado en el trascurso del tiempo según el momento histórica, y ha tenido justificaciones variadas: religiosas,morales,económicas,estéticas,politicas y culturales, entre otras.
La tauromaquia (considerada `fiesta´ por los aficionados taurinos), incluye un complejo conjunto de manifestaciones que suponen la confrontación entre el humano ( másculino o feminino) y los bóvidos (toros,vacas,becerros…), siguiendo modalidades muy diversas.
Estas manifestaciones siempre han tenido partidarios y detractores, tanto entre los sectores populares como entre la clase política e intelectual.Según Alberto de Jesús,«las fiestas de los toros han sufrido a lo largo de su existencia numerosos ataques de los gobernantes políticos, opositores e incluso la Iglesia por intentar eliminarla, fracasando cualquiera de ellos».
Las críticas a los eventos violentos con animales se remontan a la antigüeda romana, con las criticas de Cicerón contra los espectáculos con fieras en el anfiteatro.A ellas siguieron las críticas de los primeros escritores cristianos y canonistas a las llamadas venationes,como Prudencio,Casiodoro,San Agustín,o San Juan Crisóstomo,que censuraban los espectáculos públicos en las fieras (incluidos los toros bravos),por arriesgar frívolamente la vida humana, postura de orden moral que se prolongó más o menos en los mismos términos durante la Edad Media y que movió a varios papas a promulgar prohibiciones.Por ejemplo, la bula papal Salute Gregis (1567), de Pío V, que prohibió los espectáculos taurinos. Gregorio XIII, su súcesor,levantó parcialmente la prohibición ocho años después a ruego a Felipe II. El motivo, según cuenta Cossío es que la prohibición causaba perjuicios no a la fiesta, sino a la propia religión católica española: «era el principal [perjuicio] el desprecio que de la excomunión hacían los aficionados a correr y ver correr los toros» en plena época de la Inquisición.