Una vez, hace ya mucho tiempo, un joven llamado Aaron, que vivía con su maestro, estaba entrenando solo en una sala de la casa, cuando se dió cuenta de que, en la sala, había un extraño pergamino. En el, había un magnífico plano de una espada. Era una espada legendaria, que con el paso del tiempo se olvidó. De pronto, su maestro apareció en la sala, y le narró a Aaron la historia de la espada. Al finalizar su relato, el maestro se dió cuenta de que en el pergamino hay una nota. Tras leerla, se dan cuenta de que indica el lugar en el que se encuentra la espada. Decidieron partir al instante. Su destino era la Gran Montaña, una montaña enorme que nadie había intentado escalar. En su largo viaje, encontraban innumerables dificultades, pero ellos las superaban sin problemas. Hacia media tarde, decidieron buscar un buen lugar para pasar la noche. Cuando lo encontraron, se repartieron las tareas: Aaron encendería la hoguera, mientras que su maestro, buscaría alimentos. Tras cenar, ambos se fueron a dormir. A la mañana siguiente, partieron muy temprano, y eso les trajo consecuencias. De repente, unos saqueadores aparecieron y les robaron todas la provisiones. Abandonados a su suerte, Aaron no se rindió; siguió adelante con la esperanza de salvar a su pueblo, que estaba en peligro. En la Gran Montaña, Aaron se sentía abandonado. Su maestro se había marchado de vuelta al campamento para descansar, pero Aaron no hizo lo mismo. Quería salvar a su pueblo de la tiranía, y lo haría. En la cima se encontraba la gruta en la que se hallaba la espada, custodiada por un dragón. Tras derrotar al dragón, Aaron se dirigió a la sala en la que descansaba la espada. Mientras iba hacia allí, recordó lo que le dijo su maestro. La espada había pertenecido a Godric Grifindor, (personaje que Aaron conocía de un libro)alguien poderoso. Su pueblo necesitaba ayuda, y esa espada era la solución del problema. Aaron esquivó las trampas, excepto una. Al instante, se encontró a la salida de la gruta. Cuando iba a marcharse muy desilusionado, vió la espada tendida en el suelo. El guardián de la espada había decidido dársela para salvar a su pueblo. Pero debía protegerla y evitar que cayese en malas manos. Y, al fin, gracias a Aaron el pueblo se salvó, y nunca más existió la tiranía en el pueblo.
FIN