En Murcia vivía Saul, un niño de 13 años. Cada 50 años durante 3 días por la noche había estrellas fugaces. Así que el primer día de estrellas fugaces estaban él y toda su familia esperando a que pasasen. A él le gustaban porque podía pedir un deseo y al día siguiente se cumpliría. Su madre tenía una enfermedad muy grave y hacía falta un milagro para que sobreviviera y esa era la solución perfecta. Volviendo a la noche, estaban todos tan emocionados y esperando que, cuando pasaron, ya era demasiado tarde. Al día siguiente cuando fue al instituto todos tenían lo que habían deseado, menos él. Esa noche estaban él y su hermana Antía esperando para ver las estrellas fugaces y como el día anterior se habían ido a cama tarde, tenían mucho sueño y se durmieron antes de que pasaran. Por la mañana estaba furioso e indignado. Solo le quedaba una oportunidad y todo dependía de él, así que tomó una siesta. Por la noche estaba muy nervioso. A las doce pasaron las estrellas fugaces y pidió el deseo a tiempo. Al día siguiente su madre ya estaba curada y todo salió bien.